Cultura

Cómo se fabricaban las primeras cartas en España

As de Bastos de una baraja de Lascuarenta.esSota de Bastos de una baraja de Lascuarenta.es
Caballo de Bastos de una baraja de Lascuarenta.esRey de Bastos de una baraja de Lascuarenta.es
As, sota, caballo y rey de bastos

Las primeras cartas en España se fabricaban mediante xilografía, grabando los dibujos en tacos de madera para imprimirlos en pliegos de papel que luego se coloreaban a mano o con plantillas. Este proceso artesanal, que incluía el encolado de varios papeles para darles opacidad y cuerpo, permitía satisfacer la creciente demanda de naipes en la época.

Hoy una baraja española cuesta unos pocos euros y puede imprimirse por miles en cuestión de horas: basta comprarla, abrir la caja y jugar. Durante siglos, sin embargo, fabricarla era un proceso lento, artesanal y sorprendentemente complejo.

Mucho antes de las imprentas modernas, cada carta tenía que ser diseñada, grabada, impresa, coloreada y recortada a mano. Detrás de cada sota, cada caballo y cada rey trabajaban artesanos especializados cuyo oficio era tan importante que llegó a estar regulado en numerosas ciudades españolas.

La próxima vez que tengas una baraja entre las manos, merece la pena recordar que esos mismos palos —oros, copas, espadas y bastos— han sobrevivido más de seis siglos gracias al trabajo de generaciones de naiperos.

¿Quiénes eran los primeros naiperos?

No sabemos exactamente cuándo llegaron los naipes a la Península Ibérica, pero sí existen referencias documentales a finales del siglo XIV que demuestran que ya formaban parte de la vida cotidiana. Con su popularización apareció también una nueva profesión: la del naipero.

Los naiperos eran los artesanos encargados de fabricar y vender barajas. En muchos casos compartían conocimientos y herramientas con grabadores, impresores y comerciantes de estampas. De hecho, durante los siglos XV y XVI la fabricación de naipes estuvo estrechamente ligada al mundo de la impresión gráfica en general.

Sabemos que en Zaragoza trabajaba ya en 1457 un naipero llamado Antón Inglés, una de las referencias más antiguas conocidas a este oficio en España.

¿Cómo se grababa la baraja en madera antes de la imprenta moderna?

Los primeros juegos de cartas probablemente fueron piezas exclusivas realizadas una a una. Aquello era lento y caro. Cuando la demanda empezó a crecer, los artesanos buscaron una forma de reproducir los dibujos con mayor rapidez.

La solución fue la xilografía.

La técnica consistía en grabar el dibujo de las cartas sobre tacos de madera. Una vez terminada la talla, el bloque se entintaba y se presionaba contra el papel para obtener múltiples copias del mismo diseño. A finales del siglo XIV y durante el siglo XV este sistema comenzó a utilizarse de forma habitual para fabricar naipes.

La xilografía permitía algo revolucionario para la época: que todas las cartas de una misma serie mantuvieran una apariencia coherente. Ya no era necesario dibujar cada figura desde cero.

¿Se imprimían las cartas una a una?

Una idea bastante extendida es imaginar a un artesano fabricando carta por carta. La realidad era diferente.

Los naipes se imprimían en pliegos completos que contenían muchas cartas a la vez. Después se recortaban para formar la baraja final. Algunos de esos pliegos han llegado hasta nuestros días y permiten ver cómo trabajaban los talleres de la época. En el Museo Fournier se conserva un pliego zaragozano del siglo XV con veinte cartas impresas mediante xilografía, mientras que la Biblioteca Nacional conserva hojas completas de naipes españoles del siglo XVI aún sin cortar.

Desde el punto de vista del artesano era mucho más eficiente imprimir una hoja completa que fabricar cada carta por separado.

¿Cómo se coloreaba una baraja de forma artesanal?

Una vez impreso el dibujo comenzaba una de las fases más laboriosas: aplicar el color.

Durante mucho tiempo las cartas se pintaron a mano. Los colores ayudaban a distinguir figuras, resaltar elementos decorativos y dar personalidad a cada taller. Como era de esperar, el resultado podía variar ligeramente de una baraja a otra.

Con el tiempo aparecieron sistemas para acelerar el proceso. Uno de los más utilizados fue el estarcido mediante plantillas, conocidas en algunos documentos como trepas. Estas plantillas permitían aplicar cada color únicamente sobre determinadas zonas del dibujo. Tras secarse una capa se colocaba la siguiente plantilla para añadir otro color.

Era un procedimiento mucho más rápido que colorear completamente a mano, aunque seguía requiriendo una gran cantidad de trabajo.

¿Por qué era tan importante el papel?

Las cartas medievales no podían fabricarse con cualquier papel.

Si el material era demasiado fino, la luz atravesaba la carta y los jugadores podían distinguir marcas o figuras desde el reverso. Para evitarlo se utilizaban papeles más gruesos y técnicas de encolado que daban cuerpo y opacidad al naipe.

De hecho, existen contratos históricos que mencionan papel fabricado específicamente para la producción de naipes.

La resistencia era importante: una baraja estaba destinada a pasar de mano en mano durante incontables partidas.

¿Por qué las cartas antiguas no eran todas iguales?

Hoy esperamos que dos barajas idénticas salidas de una fábrica sean exactamente iguales. En los siglos XV y XVI eso no siempre ocurría.

Las diferencias podían aparecer durante el grabado, el coloreado o el recorte. Algunas figuras mostraban pequeños cambios, los tonos variaban ligeramente y ciertos detalles decorativos dependían del taller que hubiera producido la baraja.

Por eso las cartas antiguas resultan tan interesantes para historiadores y coleccionistas. No eran simplemente objetos de juego: cada una conserva rastros del artesano que la fabricó.

¿Cómo se convirtió la fabricación de naipes en un oficio con identidad propia?

La fabricación de naipes llegó a convertirse en una actividad económica importante en varias ciudades españolas. Zaragoza, Barcelona, Valencia, Sevilla o Valladolid aparecen con frecuencia en la documentación histórica relacionada con talleres, impresores y comerciantes de cartas.

Con el paso de los siglos la producción fue creciendo y especializándose. Lo que comenzó como un trabajo artesanal terminó dando lugar a grandes fábricas capaces de abastecer mercados enteros, tanto en España como en América. La propia evolución del mazo acabó consolidando formatos como la baraja de cuarenta cartas, cuya historia explicamos en este artículo sobre la desaparición del 8 y el 9.

¿Qué cambió con la llegada de la producción industrial?

A partir de los siglos XVIII y XIX las nuevas técnicas de impresión transformaron por completo el oficio. La litografía, la mecanización y posteriormente la impresión industrial permitieron producir barajas con una rapidez y una uniformidad impensables para los antiguos naiperos.

Sin embargo, muchas de las decisiones visuales tomadas siglos antes siguieron intactas. Los palos, las figuras y buena parte de la estructura de la baraja sobrevivieron al cambio tecnológico.

¿Qué herencia nos dejaron aquellos talleres?

Cuando observamos una baraja española actual es fácil pensar que siempre fue así. Pero detrás de cada carta hay siglos de experimentación, grabadores trabajando sobre madera, pliegos recién impresos secándose en talleres y artesanos aplicando colores uno a uno.

Gran parte de lo que reconocemos hoy como una baraja española nació en aquellos talleres medievales y renacentistas. Los mismos oros, copas, espadas y bastos que aparecen en las mesas actuales pasaron antes por las manos de generaciones de naiperos. Si quieres ver cómo han evolucionado algunos de esos diseños hasta nuestros días, puedes echar un vistazo a La Baraja Antigua, carta por carta.

Y quizá esa sea una de las razones por las que siguen resultando tan familiares: no son simplemente cartas, sino pequeñas piezas de historia que han sobrevivido durante más de seiscientos años. Si te interesa descubrir distintos diseños inspirados en la tradición española, puedes visitar nuestra colección de barajas.

Fuentes consultadas